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“La afirmación ‘a mí no me importa que me espíen’ denota falta de autoestima”

Entrevista en profundidad a Víctor Sampedro en notodo.com, una revista cultural online sobre cine, música, arte y literatura. Su autora, Ester Crespo, aborda, entre otras cuestiones, los peligros de la red, qué gestos podemos hacer para adelgazar al Gran Hermano, Operación Triunfo, el 8M, las fake news y Donald Trump.

Publicada originalmente el 11 de junio de 2018. La podéis leer en este enlace. A continuación, la reproducimos íntegramente.


Víctor Sampedro, catedrático de Opinión Pública y Comunicación Política de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC), en Madrid, y creador del Máster en Comunicación, Cultura y Ciudadanías Digitales de la URJC y Medialab-Prado, acaba de publicar su último libro: Dietética Digital. Para adelgazar al Gran Hermano. Con él, pretende abrir ojos y desvelar los peligros a los que nos enfrentamos cada vez que nos ponemos delante de un teclado o un teléfono móvil.

Víctor habla sin tapujos, mostrando cómo nuestra exposición en la red está aumentado el lucro de empresas que venden nuestros datos, cómo realities como Operación Triunfo realizan estudios de mercado, cómo el periodismo digital no ha estado a la altura o cómo el marketing digital y las fake news pueden hacer presidente a alguien como Donald Trump. Un libro que pretende servir de autoayuda y autodefensa ante el sobrepeso digital que sufrimos.

¿Tan mal estamos usando Internet?

Estamos usándolo sin saber las consecuencias. Estamos usándolo sin ser conscientes de que toda nuestra actividad queda registrada en tiempo real. Utilizamos esta tecnología porque creemos que es muy fácil de usar, muy intuitiva y porque creemos que el tiempo y el espacio desaparecen en nuestras comunicaciones, pero, de hecho, lo que desaparecen son nuestros tiempos y espacios sociales si la usamos sin límites y sin objetivos claros.

¿En qué momento se convirtió Internet en un negocio publicitario?

Fue fundamentalmente cuando empezaron a existir los dispositivos que eran más de consumo que de producción, pero, sobre todo, sucedió cuando el software cerrado y las redes, mal llamadas sociales, acabaron hegemonizando lo que son nuestros canales de comunicación. En ese momento, la industria del minado de datos entró a una velocidad de turbo a alimentar la máquina publicitaria para lograr mensajes altamente personalizados y que conocen al dedillo al público objetivo.

¿Y ya no hay marcha atrás?

Hay marcha atrás si ocurren varias cosas. Primero, un cambio de hábitos; es decir, que la gente se limite, utilice la red para algo más que para el autobombo y la exhibición. Para desarrollar proyectos personales y colectivos más allá de la red. Cuanto menos nos expongamos en la red, más se reduce la máquina de minado de datos.

Por otra parte, con el escándalo del Cambridge Anylitica (en la que se vendió la información personal de 87 millones de usuarios de Facebook) y la comparecencia de Zuckerberg ante el Congreso de Estados Unidos por este tema, ha llegado el momento en el cual queda claro para los poderes públicos y para cierta parte de la sociedad que la autorregulación de estos monopolios no es suficiente porque ellos están muy blindados por su opacidad, por su campaña publicitaria, por toda esa retórica de buenismo y por el desconocimiento tecnológico de gran parte de la sociedad.

Una vez que cambien hábitos, legislaciones, y cuando las administraciones públicas creen infraestructuras propias para el uso ciudadano y cívico de la comunicación digital, todo esto será posible revertirlo. Son tres frentes que tienen que marchar en paralelo: uno ocupa a la sociedad, otro a los legisladores y otro a las propias compañías y competidores para que den paso a infraestructuras públicas. Va a llegar el momento, porque creo que estamos en un nivel de saturación, de sobrepeso digital, que ya está haciendo inviables algunos proyectos personales y ya ha abortado muchos proyectos colectivos.

El libro llega en un momento en el cual simplemente desvela aquello que muchos sospechan. Quizás señale cosas en las que no caemos porque no solemos pensar en términos agregados. El resultado de todo esto, cuando pensamos en términos sociales, en toda esta masa de gente produciendo datos, lo que hace es blindar aquellas organizaciones que acaparan estos datos y que los utilizan en beneficio, y no siempre, como es obvio, del bien común o bien público.

¿Qué pequeños gestos puede hacer la ciudadanía para adelgazar al Gran Hermano?

Muchísimos. La limitación ya es hacer mucho, porque las interfaces de los dispositivos están diseñadas para que potencien nuestras tendencias adictivas. De hecho, es muy interesante ver la información de uno de los colegas de Zuckerberg que, aparte de criticar a su antiguo jefe, dice que él mantiene su teléfono móvil sin colores porque, precisamente, los colores están estudiados para que haya descargas de dopamina. La dopamina es aquello que te lleva a consultar el móvil creyendo que ha sonado, o por inercia mirar las redes sociales cuando aún tienes trabajo por hacer, etc.

Además de eliminar los colores de tu interfaz, recuperar el reloj para no tener que consultar el móvil, porque lo que estás haciendo es decir en tiempo real si eres una ansiosa o dar información de tus sitios de sueño cuando duermes con él. No utilizar el móvil en determinados contextos, léase, a nadie se le ocurriría sacar el móvil o consultar el móvil en una entrevista de trabajo. No sé por qué ese contexto de exclusividad se les niega a la familia comiendo, o a los amigos cuando estás reunido con ellos después de mucho tiempo, o a la pareja cuando estás cenando con ella. Hay que recuperar los espacios y los tiempos de exclusividad. De exclusividad y de reciprocidad exclusiva, de atención total y, por otra parte, recuperar los tiempos en que se puedan fraguar proyectos colectivos, porque si lo único que buscamos es el autobombo, lo que vamos a encontrar es la saciedad, el hartazgo y el aburrimiento. El tanto mostrarse y mirarse a uno/a mismo/a tiene un límite.

Dices que con 150 likes, Facebook sabe más de ti que quien te parió, y con 300, más que tu pareja. ¿Qué les dices a todos los que piensan que les da igual que controlen su privacidad?

Yo les diría: “Allá tú, pero no subas fotos mías a la red, porque que tú seas un inconsciente no tiene por qué ponerme a mí en peligro”. El peligro es que tu rastro y tu huella digital puede ser una losa biográfica, es decir, estar confesando, mostrando cosas, hábitos de manera inconsciente, que luego te vayan a pesar mucho si quieres tener, por ejemplo, una carrera pública.

Por otro lado, la afirmación “a mí no me importa que me espíen” denota, por una parte, la falta de autoestima. Son personas que creen que nunca van a generar nada novedoso y que, por lo tanto, no les importa que alguien se arrogue el título de una canción, un poema o un proyecto empresarial o político. A esa falta de autoestima se suma una falta de consciencia de que los intereses propios, o los salvaguardas con cierto secreto y privacidad, o pasan a ser patrimonio de aquellos que sepan explotarlos, es decir, no te van a ofrecer la publicidad que más te conviene, te ofrecen aquella publicidad más efectiva en términos de lucro empresarial. Puede ser explotando tu necesidad, tus condiciones de necesidad o tus flaquezas inconfesables.

Comentas que la policía puede convertir los teléfonos en micrófonos ambiente, pero ya es vox populi que también  empresas como Facebook o Google lo están haciendo, porque hablas sobre algo y después te aparece publicidad de ese tema que no has compartido con nadie vía Internet…

Sí, claro. Un ejemplo, el Pentágono ha prohibido a sus soldados llevar teléfonos móviles de fabricación china. Si lo hace el Pentágono, no entiendo por qué nosotros somos capaces de entregarles un móvil a los adolescentes y dejarles solos. Debe ser que no les tenemos en la estima suficiente tampoco.

La interactividad digital es una falsa interactividad orientada, fundamentalmente, al lucro empresarial, si no ellos serían tan transparentes como lo somos nosotros. Nosotros podríamos organizar las redes sociales a nuestro antojo y no con una arquitectura centralizada en la cual el núcleo central lo que hace es convertir en flujos de dinero todo lo que son flujos de comunicación. Flujo de dinero para ellos, no para el cuerpo social que lo produce.

Al final se está convirtiendo en transparencia para el débil y privacidad para el poderoso…

Exactamente. Se ha trastocado la máxima hacker que era “transparencia para el poderoso y privacidad para el débil”. Y esto crea problemas muy serios si tenemos compañías que nos conocen mejor que nosotros mismos, si tenemos compañías que conocen el electorado mejor que los gobiernos o que los partidos políticos y que, de hecho, están privatizando y manipulando a la opinión pública. Son ellos los que conocen las tendencias y los posicionamientos de la sociedad y los que están en mejores condiciones para alterarlas en beneficio propio.

Y ese autobombo, según señalas en el libro, llega a la búsqueda de empleo. El capitalismo digital nos anima a promocionarnos, enviando miles de CV en formato multimedia, pero solo ofrece contratos basura…

Esto parte de la desvalorización total de la fuerza de trabajo. Como no valemos nada, tenemos que hacernos valer. Como no tenemos otra cosa que nuestro propio cuerpo y nuestra propia personalidad, viva el autobombo y el narcisismo digital. Pero también ocurre con nuestras casas. Ponemos nuestras casas en alquiler, y volvemos a las de nuestros padres, porque no podemos mantenernos. Y nos creemos emprendedores hoteleros, pero también habrá gente que hasta se crea emprendedor del sistema de comida si reparte comida con su bicicleta, o se crea emprendedor del sector de transporte con su coche en Uber.

Una filósofa política, Wendy Brown, habla de pueblos sin atributos. Dice que están formados por individuos neoliberales cuyo atributo solo lo confiere una relación determinada con el poder. Estos individuos han de invertir en sí mismos porque estar en un sistema educativo ya no es una inversión de futuro de éxito asegurado.

Además, señalas que viralizar imágenes como la del niño sirio muerto, Aylan Kurdi, en la costa mediterránea, no hace mejorar la situación de los refugiados. ¿Nos hemos convertido en seres pasivos, que solo damos likes, retuiteamos y expresamos opiniones?

Sí, nuestro nivel de implicación es mínimo en términos reales, pero puede ser muy intenso en términos emocionales. Nos saturamos de emociones, de shocks, de pánicos, o de deleites. Pero es todo muy fugaz. Todo surge y muere en la pantalla. Y lo que tenemos que tener muy claro es que retuitear un mensaje de apoyo a una causa no es estar favoreciéndola: es alimentar la maquinaria de datos. Y si no haces nada fuera de esa máquina de datos puede ser utilizada en contra de la causa por la cual estás pugnando.

Con los trolls y las celebrities y, sobre todo, los nuevos liderazgos políticos de tinte autoritario que juegan el papel de trols, retuitearles como sarcasmo o como crítica tampoco les hace mella porque el trol lo que quiere es ocupar toda nuestra atención y todo el espacio público. De esa manera conserva la iniciativa, nosotros vamos a remolque y perdemos energías para ponerlas en el sitio que queremos o aumentar la confianza y estima de aquellos liderazgos sociales con los que realmente podemos progresar.

Por otro lado, me parece muy interesante lo que comentas sobre las madres y abuelas activas en WhatsApp que usan las redes para seguir dando cuidados…

Las mujeres mayores de sesenta años son líderes en su franja de edad de usuarios de WhatsApp en España. Esto es muy interesante porque ellas a lo que se dedican es a dar atenciones y cuidados. Ese es el uso que yo propongo de reprogramar. Ellas son las que han reprogramado WhatsApp.

Otro aspecto positivo que han traído las redes son las movilizaciones, como la del 8 de marzo, la unión de las mujeres frente al patriarcado.

Internet puede ser muy fuerte para visibilizar identidades y relaciones de opresión que permanecen ocultas en el ámbito doméstico. Con lo que tenemos que tener cuidado es que el juego de la espectacularización no agote esto. Que el 8 de marzo no sea una movilización que solo desborde en términos estéticos por el número de manifestantes, por los rasgos de esas manifestantes, jóvenes, tan despolitizadas en tantos aspectos o por los eslóganes nuevos que realmente reformulan el mensaje feminista, sino que hay que ir más allá de la presentación pública.

Hay que ir buscando el impacto público y eso, insisto, solo se hace cuando las redes digitales se apoyan en redes presenciales y redes de movilización más allá de las pantallas.

Además de las movilizaciones, ¿qué se está consiguiendo positivo en las redes?

Las redes han dado voz, presencia y visibilidad a gente que no entraba antes en lo que era la esfera pública. Creo que esa etapa ya ha pasado y que ahora empieza a cundir lo negativo. La visibilización de las diferencias de género, por ejemplo, del colectivo LGTBI que ha hecho Operación Triunfo. Lejos de ser una revolución sexual, lo que ha sido es un estudio masivo sobre afectos y preferencias sexuales de la población española más joven, incluso la menor de edad. Operación Triunfo y las redes que le han alimentado dispone actualmente de un estudio con una fiabilidad enorme sobre lo que son los comportamientos afectivos y sexuales de los jóvenes españoles. También han logrado colocar entre los cinco primeros discos de oro, tres. Eso ha ocurrido en todas las ediciones de Operación Triunfo. Siendo ellos quienes deciden los ganadores y no el público que vota y que, además, es secuestrado en tiempo real.

Defiendes que los ciudadanos no preferimos la McTele, ¿por qué entonces este año tanto boom de nuevo con Operación Triunfo?

Operación Triunfo, el reencuentro, 18 años de ausencia, de los primeros concursantes, aquellos que han conseguido mayor impacto y éxito en términos comerciales, tuvo menos audiencia que el programa de Salvados sobre Pedro Sánchez. La buena información política bate a los realities, incluso al reality más afamado, más prestigioso y más conocido.

Segundo dato: esta última edición de Operación Triunfo no logra desbancar a Aquí no hay quien viva porque Aquí no hay quien viva es una magnífica serie de costumbrismo, de gente encerrada en una comunidad, y que va planteando una enorme cantidad de problemas sociales de una manera sumamente inteligente, con guiones dinámicos y actores estupendos. ¿En qué momento consigue desbancar Operación Triunfo a Aquí no hay quien viva? Una vez que monopolizan la esfera pública con noticias pagadas y desde las redes sociales.

Dicen que uno de los motivos del éxito este año de ‘Operación Triunfo’ ha sido ese nuevo formato de 24 horas a través de Youtube. Ese Gran Hermano a través de Youtube que puede parecer menos Gran Hermano porque no está en la televisión…

Ahí se abre todo un filón de innovación, por decirlo de alguna manera, televisiva. Los realities eran la promesa de la teledemocracia. Programas de concursos que alimentaban el morbo, la manipulación y la explotación laboral de los concursantes. Y esos realities se han rejuvenecido con la promesa de la ciberdemocracia que traían las redes sociales más tarde.

Parece como que las redes aumentan el número de participantes, pero en realidad es el número de gente que es monitorizada en tiempo real. Aumenta la capacidad de la gente de proponer cosas, de participar, obviamente, de manera guiada, censurada, reprogramada y siempre a favor del lucro de la empresa. Y consiguen llegar a cualquier resquicio, usuario de un dispositivo móvil, porque lo que hacen es colonizar el régimen de visibilidad.

Hablaban que era un programa transgresor porque TVE visibilizara temas como la transexualidad, pero luego vetan la canción de Becky G…

En el fondo son transgresiones puritanas, que no tienen además ningún tipo de significado político. Cuando Los Javis recuerdan en antena que el PP fue el partido que llevó el matrimonio homosexual al Tribunal Constitucional para ilegalizarlo, son censurados en tiempo real. Los realities lo que promueven es el individualismo posesivo: eres lo que muestras y todo lo que poseas tienes que enseñarlo. ¿Qué ocurre con aquello que tienes y que solo das a aquellos que sabían entenderlo y que cuando es expuesto a ojos ajenos pierde todo el sentido y se convierte  incluso en algo diferente de aquello que protagonizabas?

Hay que desobedecer los algoritmos de Netflix porque si no vas a acabar viendo el mismo tipo de películas y vas a acabar muy aburrida. Tienes que desobedecer los algoritmos que viralizan las tetas y los gatitos porque si no vas a acabar siempre muy harta de las pocas variaciones en esos temas. Tienes que desobedecer el código cerrado con software libre. Haciendo una interfaz para ti, no para que ese dispositivo haga contigo cosas que ni siquiera sabes y que, por lo tanto, no has consentido. Tenemos que poner un/una hacker en nuestra vida como antes se ponía un abogado, un médico o un mecánico. Ahora los mecánicos no valen de nada a no ser que sean de la casa oficial porque los coches ya son también circuitos cerrados. Pero Cuba demuestra que con coches de los años 30 uno puede seguir conduciendo en el siglo XXI.  No es una apuesta por el régimen cubano que censura Internet y reprime la disidencia, pero sí que es un recuerdo de que el reciclaje y la adaptación de los programas a cada uno es algo que nos podemos plantear en colectivo.

Son necesarios talleres para hackear nuestros móviles y no tener que cambiar de móvil cada dos años porque se nos llena y ya no funciona porque ha estado funcionando a más del 50% para controlarnos y monitorizarnos y minar nuestros datos. Pensemos lo que estamos haciendo porque, además, tirando tantos dispositivos móviles estamos contaminando, estamos explotando niños en minas de coltán, en fin, estamos creando más desigualdad y uno no es más por tener el último iPhone ni quiere más a sus hijos por regalarles uno. Es más lo contrario.

Explicas en el libro cómo las noticias falsas ayudaron a Trump a llegar al poder en 2016, ¿en qué está fallando el periodismo digital?

El periodismo está fallando porque es lógico que una profesión que vive de la mediación, cuando se ofrece la desintermediación, es decir, el acceso supuestamente directo a la realidad, pierde valor, y el modelo de negocio está en crisis porque lo que han venido ofreciendo los medios hacia finales del siglo XX eran fake news. El engaño sobre las armas de destrucción masiva fue una fake news descomunal. Incluso, la interpretación de una crisis económica como responsabilidad de una población que vive por encima de sus posibilidades ha sido una fake news.

Además, el periodismo ha estado demasiado cerca de las fuentes oficiales y ha perdido el contacto con las audiencias. El periodismo había dejado de servir a las comunidades de lectores y estaba sirviendo a las carteras publicitarias. Frente a esa versión degradada de la información, las redes sociales tenían una promesa muy absurda y eficaz: ya no les necesitamos, ahora son ellos los que van a venir a través de las redes sociales. Insisto, las redes no están pensadas para que nosotros conozcamos la realidad, sino para que produzcamos datos.

Nunca nos van a enseñar una realidad que nos hagan sentir cómodas, que cuestione nuestros principios, que ponga en duda lo que damos por sentado y, por lo tanto, lo que van a hacer es enviar a cada segmento de la población determinadas noticias. Una vez que alguien sabe cómo funcionan los algoritmos puede hacer noticias sumamente atractivas para enormes cantidades de potenciales consumidores de propaganda de publicidad, y como las redes lo saben, van a favorecer los contenidos que creen más juego y que creen más contactos y más información al margen de su velocidad o de sus consecuencias sociales.

¿Hay que aprender a cómo se construye una noticia veraz?

A mí me parece imprescindible, lo que pasa que tenemos que recuperar la noticia en algún medio de comunicación que esté sobreviviendo al embate digital. Hay pocos medios, pero los hay. También los hay en España. La prensa digital está destapando cosas que los quioscos tapan. Que no lo hagan con el impacto que mereciera los casos que están destapando se debe a que todavía la televisión y los medios de comunicación guardan gran parte de la respetabilidad y credibilidad para poder crear impacto y cambio. Pero creo que esto está cambiando.

Es muy importante que la gente se pregunte, más allá de desconfiar, que creo que lo hacemos todos, por las consecuencias últimas de determinados mensajes que viralizan aunque sea para criticarlo. Si no somos conscientes del enorme poder que les damos a los más sinvergüenzas, a los más trols y a los más exhibicionistas, estamos perdiendo mucho.

¿Y esa especie de call center que quieren montar en Barcelona para detectar noticias falsas?

Facebook siempre ha tenido un ejército de supervisores, muchas veces precarizado y sobreexplotado, para ejercer censura. Eso nunca ha funcionado del todo y, de hecho, si Facebook utilizara, y el resto de redes sociales utilizara, los datos que tiene de los usuarios les resultaría fácil desactivar a aquellos que intoxican. No lo hacen porque muchos mensajes están adaptados al nuevo ecosistema informativo para sobrevivir y triunfar.

La noticia falsa que se recoge en el libro sobre que el Papa Francisco apoyaba a Trump. En el fondo este es el mensaje que los seguidores católicos hubieran querido escoger y oír. También, los evangelistas porque no deja de ser un líder espiritual. Esta noticia la crean unos jóvenes en Macedonia, fundamentalmente, para hacer dinero, pero que Facebook recoge y viraliza porque une dos marcas digitales con un enorme atractivo: por una parte, Trump y, por otro, el papa Francisco. Independientemente que eso suponga el aval de un líder espiritual, que defiende a los refugiados y es uno de los mayores críticos actuales del  capitalismo, a aquel que ha hecho la exhibición más racista, xenófoba y ultracapitalista que se pueda imaginar.

¿A Facebook no le interesa hacer noticias veraces?

Facebook se escuda en decir que son una compañía tecnológica. Lo que deberían decir es que son una compañía publicitaria, mejor dicho, de minado de datos al servicio de campañas publicitarias y propagandísticas del mejor postor. Lo único que quiere son todos nuestros datos y ninguno le será suficiente.

Dices que cuando la publicidad se impone a la información electoral, la manipulación campa a sus anchas, ¿qué crees que sucederá en España en las próximas elecciones en cuanto al empleo del marketing digital por los diferentes partidos?

Ya hubo algún tipo de filtración o de noticia sobre el uso que el Partido Popular había hecho en la vuelta de las elecciones generales. Cómo un equipo norteamericano se había venido aquí a trabajar, lo que trabajó Trump en su campaña, sobre cómo mover a determinados sectores del electorado que no te dan la mayoría en términos absolutos, pero sí te dan las victorias locales suficientes para alzarte con el poder. Internet está siendo usado para reforzar determinados grupos extremistas, que normalizan las posturas más irracionales en el sentido que te ponen en tal extremo que ya no reconoces ningún otro interlocutor que no sea el que está de acuerdo contigo. Para eso se está haciendo, para normalizar propuestas políticas que antes serían impensables.

Por otra parte, se utiliza el marketing político para desmotivar al electorado no afín. Va a haber un montón de juego sucio en la red, tanto por parte del Gobierno, que ya lo ha habido, por ejemplo, cerrando en Cataluña las webs del referéndum, lo cual prueba que no es cierta la desintermediación, no es cierto que uno se pueda autodeterminar desde la red, es decir, definir sin intermediarios. Y va a haber más persecución en el sentido que estamos viendo: determinados portavoces son calificados de discurso del odio, se intenta callar a los tuiteros más voraces y a los raperos más agresivos. Hay ahí un juego que va a ser peligroso por parte de partidos y Gobierno de mensajes persuasivos en la red, muy personalizados, y, por otra parte, más represión a la disidencia.

Puede ocurrir también que la gente, como la del 8M o como los yayoflautas con las pensiones, siga autoconvocándose, intentado ejercer el derecho a la libertad de expresión y la participación en la esfera pública con sus propios medios. Tenemos que tener en cuenta que los teléfonos móviles convirtieron la jornada del año 2004 con el ‘Pásalo’ en una jornada de desobediencia civil donde la gente se manifestó en contra de las mentiras del gobierno del Partido Popular tras los atentados de Atocha. Tampoco podemos olvidar que en 2011 volvió a ocurrir con el 15M. La gente salió a la calle diciendo que no estaban dispuestos a votar por un intercambio de siglas. Quién sabe si existe todavía la anarquía y la autonomía social suficiente para crear de nuevo estos movimientos disruptivos.

Lo que me preocupa, no es tanto que no surja, sino que no haya partidos, ni sindicatos, ni organizaciones civiles e instituciones que materialicen eso. El 8M desbordó los previos días de la mujer, pero, ¿qué significa desbordar? Lo desbordó en términos estéticos, de lenguaje, de manifestación, pero, ¿en qué ha cambiado y en qué está dispuesto a cambiar ese feminismo en red de lo que son las condiciones materiales que subyacen a las condiciones de opresión, sobre todo, de las mujeres más desfavorecidas tanto económica como tecnológicamente?

Dietética Digital no es solo un libro, ¿verdad?

No. Dietética Digital es una página web donde hay recursos a disposición de quien quiera usarlos y un montón de propuestas para cocinar nuevas recetas. De hecho, este proyecto en marcha tendrá una nueva versión que será el Recetario, que son algunas de las películas, series, que aparecen como postres en este libro después de los menús, que los vamos a desarrollar como guías didácticas para que te puedas poner capítulos de Black Mirror con tus amigos y con tus hijos o con tus alumnos y lo puedas debatir y puedas tener acceso a información que te dice que Black Mirror es un chiste comparado con lo que ocurre fuera.

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