Recetario

Plato 10 – Del comedor al hacklab

Summer Wars es una película de animación japonesa de Mamoru Hosoda, que combina ciencia ficción y comedia romántica. Resume a la perfección la propuesta que plantea este proyecto. Cuenta la historia de Kenji, un chaval de instituto, genio de las matemáticas y friki informático que trabaja en el mantenimiento de OZ: un mundo virtual que representa Facebook e Internet en general. Su compañera Natsuki le lleva de vacaciones para celebrar el 90 cumpleaños de su bisabuela. Natsuki le había prometido como regalo presentarle a su novio. Y a Kenji que no le queda otra que fingir serlo ante su familia, una saga de antiguos samurais.

La historia del primer amor y de la muerte de la bisabuela se entremezcla con otra de ciencia ficción, cuando Kenji por accidente pone en peligro la seguridad en OZ. Un avatar dotado de inteligencia artificial le engaña y suplanta su identidad. Acumula “datos y poder” e intenta hacerse con todas las cuentas. Es un ente insaciable creado por el Pentágono, que está fuera de control y al que se enfrentan Kenji y Natsuki, con el respaldo de toda la familia de samurais. Aplicando su código de honor, niños y adultos se comportan como hackers. Son ciberguerrilleros que (armados con sus consolas Nintendo, móviles y ordenadores) convocan al resto de usuarios de OZ a enfrentarse al Gran Hermano.

Una tapa:

Summer Wars aplica las tesis que defendemos con una lucidez acompasada con un ritmo endiablado. Las plataformas han acaparado nuestras competencias comunicativas y organizan nuestra existencia. OZ falla y el mundo colapsa. Dependemos de la versión virtual del mundo, con consecuencias cada vez más importantes en el real. Estamos a punto de ser engullidos por Love Machine, el avatar monstruoso que crece a medida que traga cibernautas. Esa identidad digital disfrazada de Máquina del Amor aprovecha nuestros puntos débiles: la necesidad de afecto y reconocimiento que solo satisface quien te ama. Entonces, ¿cómo combatir la Máquina? Pues tejiendo redes amateurs, de auténticos amadores. Son aquellos en los que recomendábamos apoyarnos para sacar el máximo provecho de la tecnología.

La moraleja de este cuento vendría a decir que cuando lo digital falla, despertamos del sueño/pesadilla virtual. Y, entonces, nos enfrentamos a la ausencia de lazos fuertes y relaciones duraderas. Deberíamos, pues, colaborar y fortalecer apoyos mutuos con quienes nos rodean. Para, desde ese núcleo inicial, convocar luego a las masas de internautas y desplegar una guerra defensiva, incruenta y trufada de amor. Summer Wars plantea la utopía que rebate la distopía de Black Mirror. Como vimos, esta serie apenas muestra relaciones afectivas recíprocas y justas. Los personajes rebosan individualismo, se mueven por egoísmo, nunca cooperan, siempre rivalizan. Los débiles son controlados, usados y tirados. Y los finales confirman que los poderosos ganan siempre porque emplean y controlan la tecnología mejor que el resto. O eso se creen y actúan en consecuencia. Pues demostrémosles que están equivocados.

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